Imagen de un calendario del Instituto Asturiano de la Mujer
Marta ha propuesto el siguiente tema:
Este sábado, con motivo de la boda de un amigo, he coincidido con unas amigas de la infancia que no veía desde hace tiempo y en la sobremesa del banquete se desencadenó un debate entre nosotras la mar de interesante: “¿el hecho de ser mujer y madre limita realmente el campo profesional de la misma?”
“Aquella mujer que desea ser brillante en su profesión, ¿debe renunciar a la educación de sus hijos?” “¿Se puede educar bien a un niño y ser madre trabajadora?” “¿aceptarían los hombres de nuestra sociedad dejar de lado su ámbito profesional y quedarse al cargo de un hogar si la mujer decidiese no abandonar su faceta profesional?”
En mi opinión, claro que se puede ser madre trabajadora sin que por ello la mujer deba tener sentimiento de culpabilidad. Parece lógico pensar que tanto el padre como la madre, tienen igual devoción por sus hijos, y como hemos vivido hasta hace no tanto, el varón era quien se ausentaba del hogar a su trabajo para mantener a la familia. Hoy día, los tipos de familia son muy variados y ese estereotipo está variando.
En ocasiones he escuchado opiniones de mujeres que dicen asegurar que por el hecho de dar a luz, dicen tener un vínculo con su hijo mucho mayor que el que pueda tener el padre, ¿nos convierte ese hecho en supermadres frente a un varón carente de sentimientos afectivos por sus descendientes?
Yo no creo que por llevar nueve meses en nuestro vientre a una criatura (aspecto que me parece maravilloso) tengamos más derechos sobre el niño/a; por esa regla de tres, unos padres adoptivos, ¿son menos padres? ¿quieren menos a sus hijos? Una “madre” te da la vida, que duda cabe, pero un “padre” te enseña, a caminar por el sendero de la vida…









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