Sócrates

16 01 2011

            Estos días estamos viendo la figura de Sócrates, ese gran filósofo -el FILÓSOFO, con mayúsculas- del cual, a pesar de no haber escrito nada, se sigue hablando de él hoy día después de haber dejado una gran impronta en la Historia de las Ideas. Ser consecuente con sus propias ideas le llevó a la muerte impuesta por sus propios conciudadanos que no aceptaron que Sócrates hiciera preguntas tan molestas. El cuadro de Jacques-Louis David en el siglo XVIII muestra el profundo desconsuelo de sus discípulos, incluso del verdugo que le lleva la cicuta.

            En Filosofía estamos viendo el capítulo sobre Sócrates del libro “Educación para la Ciudadanía” de Carlos Fernández Liria (escrito junto con Luis Alegre Zahonero con el que ha publicado varios libros y Miguel Brieva como ilustrador). Es muy bonita la idea sobre la que hacen girar este capítulo: en Atenas, la democracia lo era porque había un espacio vacío  en el ágora, el espacio de la ciudadanía. “De lo que se queja Sócrates es de que continúe siendo el lugar de alguien y no alcance a ser el lugar de la razón, que es además el lugar de la libertad”. “Sólo en tanto que cualquiera puede ocuparlo, puede ser el lugar de todos”…”Sócrates era la voz que denunciaba que la potencia encerrada en ese espacio vacío que Grecia había inventado para la humanidad entera había sido secuestrada por una camarilla de oligarcas que sólo se cuidaban  de sus intereses particulares. Sus conciudadanos encontraron el medio de acallarlo a él, condenándolo a muerte, y de acallar también las propias exigencias de la ciudadanía y de la democracia, suplantando a éstas por una apariencia de ciudadanía y una apariencia de democracia. Es obvio que en este dilema nos encontramos aún, veinticinco siglos después. ¿A qué estamos llamando democracia nosotros todos los días?”

            Otro recurso muy interesante es el capítulo de “El Mundo de Sofía” de Jostein Gaarder. En uno de los apartados dedicados a Sócrates, Jostein Gaarder se refiere al cuento de Andersen “El traje nuevo del emperador“. Siempre me pareció un gran cuento porque es tan real como la vida misma. Seguimos teniendo muchos emperadores engreídos y vasallos sumisos que siguen reeditando el cuento. Sócrates fue el niño que gritó “está desnudo”.

Recursos en inglés (Bilingüe):

The Emperor’s new clothes

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